5 PUNTOS DÉBILES DE LOS ESCÁNERES CEREBRALES

 

1.- Un ambiente antinatural para los procesos cognitivos: Muchos sujetos no logran soportar durante largo tiempo el claustrofóbico ambiente de una máquina de Resonancia Magnética Funcional, lo que imposibilita que estos estudios representen equitativamente a todos los cerebros.

 

2.- Los escáneres constituyen medidas indirectas de actividad cerebral: Leemos a menudo descripciones populares de investigaciones con Resonancia Magnética Funcional, en las que se explica cómo se enciende el cerebro cuando piensa en dinero, o en sexo, o en Dios, o lo que sea. Sin embrago lo que hace la máquina realmente es alinear alguno de los átomos de sus tejidos con el campo magnético. la máquina mide la energía creada para formar las imágenes.

 

3.- El coloreado exagera los efectos en el cerebro: Las figuras de cerebros salpicados con regiones coloreadas, nítidamente definidas, son sumamente engañosas, porque hacen pensar en bloques de procesamiento bien definidos, cuando en realidad la actividad neuronal puede hallarse distribuida en más de una red difusa. Muchas regiones cerebrales se encuentran incesantemente activas durante diferentes tareas de procesamiento, y su adecuada separación constituye un problema que exige un diseño experimental cuidadoso.

 

4.- Las imágenes cerebrales son compilaciones estadísticas: Las imágenes captadas son seleccionadas en función de diferentes parámetros (movimientos de cabeza, cerrar los ojos,…) de todo el número de imágenes captadas. El escáner toma instantáneas de la actividad cerebral cada dos segundos solamente y ello genera centenares o millares de imágenes en cada período de escáner.

 

5.- Las áreas cerebrales se activan por varias razones: Cada área cerebral se activa en muchísimos estados diferentes. Carecemos de datos que nos digan cuán selectivamente activa es un área determinada.

 

Michael Shermer : Cuadernos Mente y Cerebro, nº 1. Pág- 90-96, 2012.

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Capacidades para controlar nuestras emociones:

1.- El ser capaz de elegir el ser o no ser emotivo. Incluso el Dalai Lama dice que no se puede elegir de dónde nace el impulso de la emoción, esto es automático, pero lo que se puede desarrollar es la capacidad de darse cuenta de que nace el impulso antes de que se actúe, es decir, que hay un espacio entre el impulso y la acción. En casi todos nosotros este espacio es muy pequeño, pero se puede ir ampliando para adquirir esta capacidad, aunque sea en ocasiones para decir “no quiero responderte con enfado a tu enfado, o voy a hacer esto y no me va a superar la sensación de miedo”. Es difícil, porque se está actuando en contra de la naturaleza, pero es posible entrenarlo.

2.- Es cuando fluye una emoción pero podemos elegir cómo va a ser nuestro comportamiento. Imaginémonos en esta situación: Regreso del trabajo y mi pareja me dice enfadada que me he vuelto a olvidar de hacer la compra. Yo pienso: he hecho la compra y está ahí ¿Por qué se enfada? ¿Cómo voy a comportarme para expresar mi enfado, de forma que maximice la intención del enfado para mi pareja y para mí? ¿Se puede elegir esto? El impulso natural, desgraciadamente, cuando se está enfadado es herir a la persona con la que se está enfadado y eso hace que se destruya todo y las cosas vayan a peor. Lo que hay que intentar hacer es dirigir el enfado hacia la acción que ha herido no hacia la persona.

Estas dos capacidades son difíciles y hay que trabajarlas de manera continuada, pero mejoran la vida.

3.- Es aprender a ser más sensibles a las emociones de otros. Si tengo una emoción que es completamente visible en mi cara o en mi voz, no hace falta aprender a reconocerla, pero a menudo las emociones que expresan los demás se esconden o son tan sutiles que no se ven y puede ser difícil comprenderlas o darnos cuenta de ellas. Hay herramientas que enseñan a reconocer y a saber automáticamente cómo se siente la otra persona, incluso si ellos no saben cómo se sienten. Es lo que puede hacer que unas personas parezcan más empáticas que otras. Se puede aprender a reconocer las emociones en los demás.

4.- Es ser capaz de reconocer el engaño. Somos poco hábiles a la hora de detectar la mentira en el otro. Imaginémonos en una fiesta: Todos están sonriendo y hablando, en apariencia todos parecen estar pasándoselo bien. Sus caras expresan emociones de alegría. Sin embargo, podría haber algunos invitados que por conveniencia social exhiban una sonrisa y no experimenten esa emoción. Nos dejamos guiar por las expresiones emocionales considerando que por el hecho de ser automáticas no pueden ser generadas voluntariamente. Pero a todos nos ha pasado esto alguna vez, en algún momento hemos fingido una emoción que en realidad no sentíamos sólo por conveniencia social.

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Ejercicio Físico y Salud Cerebral

Haz ejercicio físico para mejorar tu cerebro

Cerebro

La mayor movilización de sangre que produce el ejercicio también ayuda a que llegue más oxígeno y glucosa al cerebro, ayudándote a pensar mejor, con más atención y concentración. Es por esta razón que muchas personas deportistas notan que su creatividad o su eficiencia en el trabajo o en el estudio es mejor después de correr o sudar en el gimnasio. Pero además, el entrenamiento regular también provoca cambios en las estructuras neuronales, incluso llega a alterar la expresión de algunos genes, especialmente los relacionados con el envejecimiento neuronal. Se ha comprobado que el ejercicio regular puede prevenir y retrasar la aparición de la enfermedad de Alzheimer y Parkinson, así como los infartos cerebrales. También ayuda a mantener la memoria y la atención y mantiene tu mente activa al cumplir años.

El ejercicio también tiene un efecto sobre los mensajeros químicos del cerebro, los neurotransmisores, el famoso «chute de endorfinas», esa inyección de energía positiva que todos hemos experimentado al disfrutar haciendo deporte, y al que nos volvemos «adictos», haciendo que salgamos a correr bajo la lluvia y volver con una sonrisa. Es por esta razón que el ejercicio también afecta a nuestro humor, y si no se abusa y se practica de forma constante y sin excederse, tiene un efecto preventivo y ayuda en el tratamiento de enfermedades como la depresión, la ansiedad, esquizofrenia, hiperactividad y ciclotimia, entre otras muchas.

El cerebro también libera dopamina y glutamato para mantener los músculos en movimiento, así como GABA, o ácido Gamma AminoButírico, un neurotransmisor problemático porque disminuye el ritmo en general, para regular la activación general del cerebro durante el ejercicio y actuar como controlador, evitando gastar demasiada energía.

Ahora lo malo: si te pasas de intensidad y/o volumen de entrenamiento uno de los primeros en «pagarlo» es tu cerebro, que solo está capacitado para consumir glucosa a diferencia de tus músculos que pueden quemarlo todo (hidratos de carbono, grasa y hasta proteínas). Las famosas «pájaras» o hipoglucemias se acusan con alteraciones de la percepción (visión de túnel, empeoramiento de la audición…) y una menor capacidad de razonamiento, pero por suerte es una situación transitoria que no deja secuelas.

Hipocampo

En esa pequeña región del cerebro se producen procesos implicados en la memoria y el aprendizaje, y que sepamos hasta ahora, es la única zona en la que se pueden formar nuevas células cerebrales. El aporte de oxígeno extra que provoca el ejercicio ayuda a crear nuevas neuronas, no sólo cuando entrenamos de forma constante y regular. También se ha visto que al dejar de hacer ejercicio, las nuevas células sobreviven, aunque se vuelven menos activas, pero no las pierdes.

Hipotálamo

Es la zona del cerebro donde se regula la temperatura corporal, así como el equilibrio entre la sal y el agua en los tejidos, entre otras tareas. Cuando nos ejercitamos y el movimiento genera calor, el hipotálamo envía la señal a la piel para que sude y así conseguir refrigerarnos y mantener la temperatura constante.

La glándula pituitaria

Es un centro de control del cerebro que alerta a las glándulas suprarrenales para que bombeen las hormonas necesarias para el movimiento. También se encarga de liberar la hormona de crecimiento (HC), un auténtico ‘quema-grasas’ y anabólico natural, porque cuando el músculo necesita más energía al acabarse las reservas de glucógeno, esta hormona se encarga de quemar la grasa de los michelines y evitar que los músculos se «consuman» a sí mismos, ayudando a crear un músculo más eficiente y grande y reduciendo el porcentaje de grasa corporal

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Trucos para atender

¿Te ha pasado esto alguna vez?

  • Según estás leyendo paras un momento y ves que no te has enterado de nada de lo que has leído durante los últimos 30 segundos
  • El profesor está explicando algo en clase y estás atendiendo a lo que dice y justo cuando hace una pregunta sobre lo que acaba de decir, te das cuenta de que has desconectado hace ya un rato y no te has enterado de nada
  • Hace frío y vas a salir a la calle. Tienes prisa y te pones nervioso porque no encuentras el gorro que siempre te pones cuando hace tanto frío. Te preguntas: “¿Dónde está el gorro?”, “Vaya, no me acuerdo, pero si ayer estaba aquí, encima de la mesa”… y un poco después te das cuenta de que ya te lo habías puesto
  • ¿Has salido alguna vez de casa para ir a comprar algo a la tienda más cercana y te vuelves luego con algo que no ibas a comprar y lo que ibas a comprar se te ha olvidado?
  • Cuando te presentan a alguien, sólo unos segundos después ¿te das cuenta de que no te has quedado con el nombre y ya no lo puedes recordar?
  • ¿Has entrado alguna vez en tu habitación a coger algo y te tienes que volver sin nada porque no te acuerdas de qué era lo que ibas a coger?

Todo lo anterior tiene que ver con la falta de atención. Despistes.

¿Qué puedes hacer para mejorar tu nivel de atención en general?

Es muy fácil. Prueba con uno de los siguientes dos trucos al menos una vez al día:

  • quédate mirando fíjamente a algo. Un bolígrafo, una marca en la pared, la uña de tu dedo índice (de una mano, si tienes los zapatos puestos), tu mesa de estudio, una planta, una esquina de la habitación, un paquete de pipas, una pipa, un botón de tu camisa, una foto, … Cualquier cosa que se te ocurra. Se trata de que lo mires fíjamente hasta que empieces a ver cosas en las que normalmente nunca te fijas. Por ejemplo, la uña de tu dedo índice de la mano derecha la ves todos los días. Pero si la miras fíjamente durante un tiempo empezarás a darte cuenta de que parece distinta, que la forma que tiene no era la que tú pensabas que tenía. O simplemente no tenías formada una idea sobre ella. El color es distinto a lo que tú pensabas. “Pero ¡si hay por lo menos 3 tonos diferentes de color!” puede que digas. No hace falta nada más. Mira fíjamente y observa
  • siéntate. En una silla o en el suelo, da igual. Ahora cierra los ojos y escucha. A ver cuántos sonidos distintos eres capaz de reconocer. Al principio te parece todo un mismo sonido. Mezclado. Poco a poco vas identificando sonidos distintos. Poco a poco. Empieza a contarlos. Cada vez que hay uno nuevo, incrementa la cuenta. ¿Cuántos sonidos distintos oyes? Seguro que muchos más de los que imaginabas en principio

¿Qué ocurre cuando haces lo anterior?

  • Prestas atención. Lo que antes pasa completamente desapercibido, ahora (mientras llevas a cabo los ejercicios) está lleno de información y detalles concretos.
  • Estimulas tu cerebro. Lo ayudas a mantenerse en forma.
  • Descubres cosas comunes que te parecerán nuevas o extrañas

En definitiva, mejoras tu nivel de atención.

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«Estate atento» ¿qué quiero decir?

Usamos diariamente frases como “prestar atención a algo” o “llamar la atención”, pero sabemos ¿qué es la atención?

La atención en sí puede ser considerada como una forma de consciencia (véase el tema de la consciencia) que ha sido modelada por el aprendizaje y la experiencia.

Nuestro cerebro intenta responder a nuestras necesidades permanentemente. Para no ser invadidos por la multitud de información que nos rodea, éste tiene que ser selectivo. El mecanismo que nos permite seleccionar la información útil es lo que se denomina atención.

No podemos atender a dos cosas a la vez. Ante una imagen ambigua sólo podemos ver la imagen de una forma u otra cada vez, pero no ambas a la vez (ejemplo de mujer joven o mujer vieja, o un jarrón o dos caras una frente a otra). Esta dinámica de alternancia es también en cierta medida una alternancia de atención. Dos esquemas de actividad no pueden superponerse.

A su vez, poder ignorar es una función importante del cerebro. Los autistas concentran su atención en un estímulo durante largos periodos de tiempo, y los niños o adultos con déficit de atención tienen dificultades para prestar atención durante largos periodos de tiempo. Ambos tendrán dificultades de aprendizaje, unos porque no son capaces de cambiar el foco de su atención y otros porque cambian constantemente el foco de atención. De hecho para que la atención funcione de forma óptima, es necesaria una alternancia de la atención necesaria al mundo en que vivimos. Si prestamos atención a todo quedaremos abrumados.

Debemos dar un sentido a todo lo que nos rodea para saber a qué debemos prestar atención. El cerebro cataloga los estímulos mediante descripciones simbólicas del mundo exterior, de los objetos, de los sucesos codificadas en forma de impulsos nerviosos. No hay una representación fija, nuestro cerebro evoluciona constantemente hacia nuevas formas mediante la experiencia y el aprendizaje. Esto hace que impida que seamos sepultados por la información.  Con cada movimiento de los ojos o de los oídos, con cada inspiración y cada roce creamos nuestro nuevo entendimiento, nuestro conocimiento del mundo. Componer, descomponer, asociar, disociar; esto es lo que permite crear un sentido a nuestro cerebro. Ante todo el cerebro no es una máquina, es un órgano compuesto de células neuronales capaz de crear simulaciones del mundo exterior, de hacer previsiones útiles y de generar la acción que conviene.

Tenemos información interna (del aprendizaje y la experiencia) en nuestro cerebro y información externa (de nuestros sentidos y percepciones en un momento dado) y uno debe prestar atención a algo concreto. Todos los procesos cerebrales que involucran este fenómeno constituyen la atención.

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Un poco de atención, por favor. Complejidad y limitación de la atención.

 Hasta ahora hemos hablado acerca de la necesidad de estar y ser conscientes y de cómo la información procedente de nuestros sentidos entra en nuestro cerebro y nos permite percibir nuestro entorno.

 También hemos hablado de cómo nuestro cerebro está siempre “listo”, siempre sincronizado con la corriente inacabable de percepciones que le llegan.

 Sin embargo, todo ello requiere de un control, es donde comienza la cognición propiamente dicha. Si no hubiera un control la información inacabable sería abrumadora, y pronto nos veríamos colapsados. Necesitamos prestar deliberadamente atención a un estímulo, encender el “foco” o “iluminar” un estímulo concreto de todos los que nos rodean para poder actuar.

 Rodolfo Llinás, jefe de fisiología y neurociencia de la Escuela de Medicina de la Universidad de Nueva York, utiliza la analogía de ir a una tienda:

Antes de entrar en una tienda (el cerebro), usted (el estímulo) mira por la ventana y ve un grupo de dependientes (las neuronas) que hablan entre sí. Hay actividad, comunicación. Entra en la tienda, con lo que se convierte en un estímulo nuevo. Al principio los dependientes siguen charlando; puede que se hayan dado cuenta de su presencia, pero no le prestan atención (saben qué es y dónde está). Pero si usted al aclararse la garganta hace un ruido suficiente, uno de ellos le mirará. Ahora es usted parte de la atención del cerebro (el cerebro está a la espera). Si usted dice: “Quiero comprar esos zapatos”, todos los vendedores, de golpe, le prestarán atención. El cerebro es ahora consciente de usted. Siendo ahora conscientes del estímulo, algunos de los dependientes entran en acción (responden selectivamente al estímulo importante): uno va al almacén por su número de zapato, otro a la caja registradora para marcar la venta; algunos más, que estaban en la parte frontal de la tienda montando un escaparate, siguen haciendo lo que estaban haciendo sin fijarse en los otros dependientes en absoluto. De manera parecida, el cerebro atiende, responde, decide.

La atención como Sistema complejo:

Visto así, parece sencillo el proceso de la atención. Sin embargo, si profundizamos, la atención es un proceso muy complejo. No sólo consiste en “iluminar” un estímulo de un inmenso grupo de estímulos que aparecen sino también en ser capaces de mantener el “foco” durante un tiempo; en ser capaz de cambiar el “foco” de atención hacia otro estímulo; y, en ser capaz de seleccionar el estímulo más adecuado a cada momento para “iluminar” y sobre el que prestar atención.

Imagínese en una fiesta: Podrá atender a varios elementos de ese ambiente simultáneamente: beber mientras escucha a un amigo y observa cómo otra amiga baila en la pista con un nuevo compañero. O podrá usted procesar los muchos estímulos por medio de un filtro y centrar su atención en el rostro y las palabras de su amigo y mientras parecería no oír las otras docenas de voces ni ver las demás imágenes visuales de la habitación.También podría combinar las percepciones para identificar la noción abstracta de que quizá se esté fraguando una pelea en la otra punta de la habitación. La intensidad con que se atiende a éstos estímulos estará determinada por cuanto interés o ansiedad  sintamos, o por el estado de alerta en el que nos encontremos. Pero si esto no fuera poco, el cerebro ha de atender además a los estímulos procedentes de dentro de sí mismo, los recuerdos y los pensamientos por ejemplo, así como los que le llegan del cuerpo. La atención, por tanto es un sistema complejo.

Esto no sólo ocurre en una fiesta, ocurre en todas las actividades que realizamos diariamente. En nuestra vida cotidiana estamos expuestos a infinidad de estímulos simultáneos, escuchamos la radio mientras conducimos a la vez que vemos carteles publicitarios y la gente que pasa, los coches que se nos cruzan, nuestro acompañante que nos habla sobre un tema de interés y el recuerdo de algo que no hemos hecho antes de salir de casa.

            Ahora, sí somos capaces de verle la complejidad, ¿verdad?.

            La atención como Sistema limitado:

Nuestra atención es también limitada. Esto lo comprobamos al ver la cantidad de accidentes de tráfico que ocurren cuando vamos conduciendo y a la vez vamos hablando por el teléfono móvil o mandando incluso mensajes. Esto no es hacer multitareas y prestar atención a ambas cosas a la vez sino que los estímulos a los que debemos prestar atención se interfieren entre sí y ello reduce nuestra capacidad de atención. Creemos que estamos prestando atención a todo a la vez pero, de hecho, no lo estamos. De este modo, nuestro desempeño en algo empeora cuando prestamos atención también a otra cosa.

La capacidad de estar atentos a cada uno de estos estímulos es limitada, así mismo esa capacidad está adecuada a los distintos tipos de acciones que debemos desarrollar en nuestra vida, ya que para distintos tipos de acciones se necesitan distintos tipos de atención.

No se requiere la misma clase de atención al estar en una clase de matemáticas que en una plaza tomando el sol.

¿Qué es la atención? ¿Qué tipos de atención existen? ¿Cómo opera el proceso de selección entre los distintos estímulos? ¿Se puede modificar la atención? ¿Cómo se relaciona la memoria con la atención? de estas cuestiones, hablaremos en una nueva ocasión.

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Cerebro plástico

Actualmente está muy de moda los mapas del cerebro. Sin embargo, las neuronas compiten constantemente por hacer nuevas conexiones. Se han dibujado muchos mapas que emparejan cada región del cerebro con la función que controla: un área para el habla, otra para las destrezas espaciales, etc. No obstante, los cambios en las señales medioambientales que se reciben modifican continuamente las fronteras.

Es decir, cada uno de nosotros tendría un mapa preciso del cerebro diferente, que además iría cambiando con el tiempo. Las conexiones que reciban señales de partes frecuentemente usadas del cuerpo se expandirán y se quedarán con una zona mayor que las que reciban señales de partes de uso infrecuente. Pero hay más, el cerebro es muy plástico, y cambiante, de tal modo que nuevos aprendizajes pueden conllevar cambios en las conexiones neuronales.

La capacidad del cerebro de modificar sus conexiones significa, en un principio, que puede recuperarse de las lesiones que sufra.

Es asombrosa la plasticidad del cerebro. En el pasado se creía que las dificultades ocasionadas por las lesiones cerebrales eran permanentes; una vez moría una región del cerebro, la función que controlaba desaparecía para siempre. Actualmente, sabemos que la reconexión es posible a lo largo de toda la vida. Es una buena noticia para las personas que sufren pérdidas funcionales tras una lesión a nivel cerebral. Lo que sí ocurre es que tardan en formarse y fortalecerse nuevas conexiones. Las personas que tras una lesión cerebral pierden la capacidad de hablar, circuitos vecinos o neuronas de zonas no dañadas intentan hacerse cargo de la función perdida y la compensan. Estas nuevas zonas serán menos eficientes para el lenguaje, con lo que su habla nunca será natural o fácil, pero será, y con ello tendrá la posibilidad de comunicarse.  Por ello es tan importante conocer cómo funciona nuestro cerebro, ya que podríamos necesitar desarrollar nuevas conexiones para suplir posibles pérdidas funcionales.

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Situaciones a tener en cuenta (la consciencia)

Cuando una persona recupera la consciencia tras por ejemplo un ataque cerebral cuya repercusión ha provocado una parálisis de la mitad de su cuerpo, puede no reconocer esa parte de su cuerpo paralizada pues puede que no reciba ningún estímulo que le indique que ese brazo o pierna sea suyo, no es consciente aunque sí está consciente. Pueden darse situaciones como decir que esa mano es de su madre o de otra persona, e incluso llegar a tirarse de la cama o del asiento donde están porque no son conscientes de que no pueden caminar, con la consiguiente caída. En la medida en que van recibiendo más información por medio de otros sentidos (como su imagen en un espejo), puede ir reconociendo las partes de su cuerpo paralizadas como suyas.

 En otras ocasiones, pueden darse situaciones en las que la propia persona niegue o no reconozca que está paralizado, ciego,…, durante un mayor tiempo, aunque puedan experimentarlo por otros medios, es lo que se denomina anosognosia, la negación de discapacidad. La persona no admite que realmente le pasa algo siendo la causa de esta situación un daño en una zona específica del cerebro.

La negación, en este caso, no es un mecanismo de defensa. Una cosa es restar importancia a algunos de nuestros puntos débiles (un “optimismo” poco realista puede ser útil temporalmente para hacer frente a lo que se nos viene encima), y otra engañarnos hasta convencernos de que somos lo bastante ricos como para no trabajar (o de que no tenemos el brazo paralizado).

Nuestro cerebro está dividido en dos hemisferios, el derecho y el izquierdo. Cada uno de ellos parece estar más especializado en unas funciones que en otras.

Se sabe por estudios con pacientes que cuando la lesión se limita al lóbulo parietal del hemisferio derecho, las negaciones tienden a limitarse a la imagen corporal. Cuando la lesión está más cerca de la parte frontal del hemisferio derecho (una zona llamada lóbulo frontal ventromedial), la negación es más amplia, más variada.

Cuando la lesión se produce en el hemisferio izquierdo paralizando la parte derecha del cuerpo, la persona se queja de la parálisis y solicita tratamiento. Lo mismo ocurre en las lesiones que se producen en el hemisferio derecho, sin embargo, una minoría de éstas permanece indiferente a la parálisis de su parte izquierda del cuerpo. Quitan importancia al alcance de la parálisis y niegan obstinadamente que no pueden moverse, e incluso que la parte paralizada les pertenezca.

La mayoría de los pacientes superan la anosognosia tras unos días de negación.

En otras ocasiones lo que puede aparecer es el denominado trastorno de la conciencia de déficit, personas que presentan dificultades para percibir los cambios en su funcionamiento cognitivo y conductual, así como para describir adecuadamente el impacto psicosocial de los mismos, lo que ocasiona un obstáculo añadido en el proceso de rehabilitación y reinserción socio-familiar y laboral. ¿Cómo una persona puede ser conscientes de ciertas dificultades en su funcionamiento habitual? Esta falta de conciencia sobre el propio funcionamiento origina, principalmente en el entorno familiar, muchos problemas. ¿Cómo hacerle entender a alguien que no puede conducir si no tiene conciencia de que no puede hacerlo?, ¿cómo hacerle entender a una persona que no puede realizar la comida que hacía antes si no es consciente?, ¿cómo ser consciente de los cambios que experimenta, como ser autoconsciente?

El grado de autoconsciencia  de una persona que ha sufrido un daño cerebral con repercusión funcional puede variar a lo largo de un contínuo. El nivel más básico permitirá que la persona sea capaz de expresar que una habilidad determinada ha disminuido. El nivel más alto de consciencia incluye la habilidad para prevenir peligros de manera independiente y poner en marcha estrategias para compensarlo.

Así podríamos hablar de tres niveles en la conciencia del déficit:

1.- La “Conciencia de déficit” propiamente dicha: se equipara con la conciencia objetiva. Consiste en conocer la existencia de secuelas como consecuencia del daño cerebral. “Tengo dificultades para prestar atención durante un tiempo”, “No me acuerdo de cómo se suma”,…

2.- La “Conciencia de Consecuencias Funcionales”: se equipara con la conciencia subjetiva. Consiste en conocer las implicaciones funcionales de los déficit en las actividades de la vida diaria. “Puedo ver las noticias, pero me cuesta seguir el hilo de una película”, “Conozco las monedas, pero me cuesta saber si me han dado bien el cambio”.

3.- Las “Expectativas Realistas”: la habilidad para marcarse metas realistas. Capacidad de planificar la vida con objetivos realistas teniendo en cuenta el punto anterior. “Voy a intentar ver películas ya conocidas, o mirar documentales aumentando el tiempo poco a poco”, “Seguiré llevando dinero, pero le pediré al que vaya conmigo que me ayude a comprobarlo”.

           Si nos ponemos a pensar, no sabemos qué ha hecho nuestro cerebro para cualquier actividad que nos propongamos, realmente no somos conscientes de cómo funciona nuestro propio cerebro, sólo lo dejamos hacer. Como el resultado es el adecuado, no nos preocupa cómo hemos llegado a ello. Podemos caminar, subir escaleras, vestirnos, comprar, conducir, trabajar, leer, hablar,…, pero no sabemos cómo lo hacemos. Cuando por una lesión cerebral mostramos dificultades en actividades que previamente hacíamos no nos damos cuenta del por qué no lo podemos hacer y tampoco de qué debemos hacer para cambiar o modificar la situación.

            La próxima vez que se pongan a leer, conducir, caminar,…, piensen en ello y sean más conscientes, siempre resultará un beneficio.

 

 

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¿Cómo el cerebro organiza y aprende los repertorios de movimiento?

Cuando se aprende alguna actividad motriz, como por ejemplo, montar en bicicleta, usamos la corteza. Pero cuando se domina, la acción se vuelve automática y la responsabilidad de su ejecución pasa a las neuronas de las partes inferiores del cerebro, con lo que quedan libres neuronas en la corteza para nuevos aprendizajes.

Un modelo conveniente para la organización jerárquica del sistema motor es una casa con un sótano y tres plantas. Cada nivel tiene un equipamiento diferente para realizar y mantener ciertas funciones. Algunas de éstas pueden realizarse solo si las señales se envían hacia arriba o hacia abajo por una escalera de subida y de bajada que conecta todas las plantas.

            En el sótano están el tronco cerebral y la médula espinal, que tienen las redes neuronales fijas que se encargan de acciones interiores fijas también, como mantener los latidos del corazón y los reflejos.

El primer piso alberga los ganglios basales y el cerebelo, que dirigen el movimiento y se encargan de hacer que funcionen los aparatos del sótano y de aportar a los pisos superiores información acerca del estado del cuerpo. Proporcionan un control básico del movimiento y almacenan muchas de nuestras reacciones primitivas, así como muchos de los programas aprendidos que se han vuelto automáticos.

El cerebelo es, a su vez, el responsable del equilibrio, la postura y la coordinación. La información relativa al movimiento y la posición del cuerpo entra en el cerebelo, donde se procesa.

Para que puedan realizarse los movimientos, el cerebro debe conocer la posición y la velocidad del cuerpo y de cada extremidad, y dónde nos encontramos en el espacio y en el tiempo. La orientación espacial y la postura son esenciales para saber “dónde se está”. La única razón de que se permanezca erguido y la gravedad no nos haga caer es la vigilancia constante del cerebelo.

En el segundo piso se hallan las cortezas motriz y premotriz, que reciben grandes cantidades de información de otras áreas del cerebro y expiden instrucciones al sistema musculoesquelético y a los órganos. Controlan cosas como los movimientos especializados del rostro y de las extremidades, en particular los movimientos de manipulación en que participan el brazo, la mano y los dedos de las manos.

La bien conectada corteza motriz dirige acciones complejas que requieren la coordinación de varios músculos. Supervisa múltiples músculos que crean movimientos, que van desde apretar simplemente un botón del ascensor hasta hacer ejercicios gimnásticos o atarse los zapatos. Proporciona la organización de movimientos suaves, medidos temporalmente, rítmicos entre las muchas estructuras cerebrales y la médula espinal.

En la tercera planta se ubica el centro de mando en la corteza prefrontal, donde delibera y elige, y desde donde manda las señales que inhiben o excitan las plantas inferiores, y que afectan, entre otras cosas, a cuánto sentimos por ejemplo lo que sienten nuestras tripas y a qué velocidad reaccionamos ante ello.

El flujo de comunicaciones entre las plantas es constante y reflexivo, y se retroalimenta en sí mismo a medida que avanza cada momento, a fin de que las decisiones y acciones sean tan apropiadas como puedan ser.

 En días posteriores expondré casos de mi clínica concretos.

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El desarrollo de la motricidad

Desde el nacimiento hasta los seis años aproximadamente los niños tienen una predisposición natural a realizar actividades motrices que les conducen a un refinamiento de los movimientos, a establecer una comunicación entre mente y cuerpo y a entender cómo funcionan los cuerpos. La motricidad parte de la consciencia del cuerpo. Podemos recordar la sorpresa aparecida en la cara de un bebé cuando reconoce sus manos por primera vez, es una situación especial. Sin esa consciencia poco puede desarrollar desde el aspecto motriz.

Durante este periodo que va hasta los seis años, el niño muestra un gran interés por imitar los movimientos de los adultos. Disfrutan realizando este tipo de actividades y es así como aprenden.

El periodo sensitivo para el refinamiento del movimiento se divide en dos: desarrollo de la motricidad gruesa (o el uso de las piernas-cuerpo) y el desarrollo de la motricidad fina (el uso de las manos). A través de la manipulación y la actividad se puede refinar la coordinación, el control y el movimiento.

Posteriormente se adquieren nuevas habilidades motrices como andar en bicicleta, dibujar, escribir,…Incluso el habla se puede considerar como una actividad motriz en cuanto requiere de la coordinación, control y movimiento de una parte del cuerpo.

Y no dejamos de aprender nuevos repertorios de movimientos: practicar un deporte, tocar un instrumento musical, escribir un mensaje de texto en el teléfono móvil, conducir,…

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