¿Cómo el cerebro organiza y aprende los repertorios de movimiento?

Cuando se aprende alguna actividad motriz, como por ejemplo, montar en bicicleta, usamos la corteza. Pero cuando se domina, la acción se vuelve automática y la responsabilidad de su ejecución pasa a las neuronas de las partes inferiores del cerebro, con lo que quedan libres neuronas en la corteza para nuevos aprendizajes.

Un modelo conveniente para la organización jerárquica del sistema motor es una casa con un sótano y tres plantas. Cada nivel tiene un equipamiento diferente para realizar y mantener ciertas funciones. Algunas de éstas pueden realizarse solo si las señales se envían hacia arriba o hacia abajo por una escalera de subida y de bajada que conecta todas las plantas.

            En el sótano están el tronco cerebral y la médula espinal, que tienen las redes neuronales fijas que se encargan de acciones interiores fijas también, como mantener los latidos del corazón y los reflejos.

El primer piso alberga los ganglios basales y el cerebelo, que dirigen el movimiento y se encargan de hacer que funcionen los aparatos del sótano y de aportar a los pisos superiores información acerca del estado del cuerpo. Proporcionan un control básico del movimiento y almacenan muchas de nuestras reacciones primitivas, así como muchos de los programas aprendidos que se han vuelto automáticos.

El cerebelo es, a su vez, el responsable del equilibrio, la postura y la coordinación. La información relativa al movimiento y la posición del cuerpo entra en el cerebelo, donde se procesa.

Para que puedan realizarse los movimientos, el cerebro debe conocer la posición y la velocidad del cuerpo y de cada extremidad, y dónde nos encontramos en el espacio y en el tiempo. La orientación espacial y la postura son esenciales para saber “dónde se está”. La única razón de que se permanezca erguido y la gravedad no nos haga caer es la vigilancia constante del cerebelo.

En el segundo piso se hallan las cortezas motriz y premotriz, que reciben grandes cantidades de información de otras áreas del cerebro y expiden instrucciones al sistema musculoesquelético y a los órganos. Controlan cosas como los movimientos especializados del rostro y de las extremidades, en particular los movimientos de manipulación en que participan el brazo, la mano y los dedos de las manos.

La bien conectada corteza motriz dirige acciones complejas que requieren la coordinación de varios músculos. Supervisa múltiples músculos que crean movimientos, que van desde apretar simplemente un botón del ascensor hasta hacer ejercicios gimnásticos o atarse los zapatos. Proporciona la organización de movimientos suaves, medidos temporalmente, rítmicos entre las muchas estructuras cerebrales y la médula espinal.

En la tercera planta se ubica el centro de mando en la corteza prefrontal, donde delibera y elige, y desde donde manda las señales que inhiben o excitan las plantas inferiores, y que afectan, entre otras cosas, a cuánto sentimos por ejemplo lo que sienten nuestras tripas y a qué velocidad reaccionamos ante ello.

El flujo de comunicaciones entre las plantas es constante y reflexivo, y se retroalimenta en sí mismo a medida que avanza cada momento, a fin de que las decisiones y acciones sean tan apropiadas como puedan ser.

 En días posteriores expondré casos de mi clínica concretos.

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Acerca de Myriam Moral-Rato

Comencé mi andadura en el campo de las Neurociencias en el año 1991 y desde entonces no ha dejado de apasionarme este campo. Quisiera compartir con vosotros la pasión por conocernos a nosotros mismos, por indagar y experimentar qué hace nuestro cerebro para permitirnos desarrollar tantas actividades como nos propongamos. ¿Alguna vez nos hemos parado a pensar qué hace nuestro cerebro para por ejemplo poder leer estas líneas: poder verlas, distinguirlas, leerlas y comprenderlas? ¿Y, qué debe hacer nuestro cerebro para poder recordarlas? El trabajo desempeñado como neuropsicóloga me ha permitido observar los cambios que se generan tanto en la persona que sufre un daño cerebral, como en sus allegados y en su entorno, a todos los niveles. ¿Cómo afectaría a nuestra vida si nuestro cerebro no nos permitiese funcionar adecuadamente: podríamos ir al cine, podríamos conducir, podríamos salir solos de casa, o trabajar y estudiar,…? Y si fuese así, ¿cómo saber qué es lo que falla, como poder solucionarlo o paliarlo, cómo poder mejorar nuestra calidad de vida? ¿Y, cómo pueden ayudarme o comprendernos los demás?
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