Situaciones a tener en cuenta (la consciencia)

Cuando una persona recupera la consciencia tras por ejemplo un ataque cerebral cuya repercusión ha provocado una parálisis de la mitad de su cuerpo, puede no reconocer esa parte de su cuerpo paralizada pues puede que no reciba ningún estímulo que le indique que ese brazo o pierna sea suyo, no es consciente aunque sí está consciente. Pueden darse situaciones como decir que esa mano es de su madre o de otra persona, e incluso llegar a tirarse de la cama o del asiento donde están porque no son conscientes de que no pueden caminar, con la consiguiente caída. En la medida en que van recibiendo más información por medio de otros sentidos (como su imagen en un espejo), puede ir reconociendo las partes de su cuerpo paralizadas como suyas.

 En otras ocasiones, pueden darse situaciones en las que la propia persona niegue o no reconozca que está paralizado, ciego,…, durante un mayor tiempo, aunque puedan experimentarlo por otros medios, es lo que se denomina anosognosia, la negación de discapacidad. La persona no admite que realmente le pasa algo siendo la causa de esta situación un daño en una zona específica del cerebro.

La negación, en este caso, no es un mecanismo de defensa. Una cosa es restar importancia a algunos de nuestros puntos débiles (un “optimismo” poco realista puede ser útil temporalmente para hacer frente a lo que se nos viene encima), y otra engañarnos hasta convencernos de que somos lo bastante ricos como para no trabajar (o de que no tenemos el brazo paralizado).

Nuestro cerebro está dividido en dos hemisferios, el derecho y el izquierdo. Cada uno de ellos parece estar más especializado en unas funciones que en otras.

Se sabe por estudios con pacientes que cuando la lesión se limita al lóbulo parietal del hemisferio derecho, las negaciones tienden a limitarse a la imagen corporal. Cuando la lesión está más cerca de la parte frontal del hemisferio derecho (una zona llamada lóbulo frontal ventromedial), la negación es más amplia, más variada.

Cuando la lesión se produce en el hemisferio izquierdo paralizando la parte derecha del cuerpo, la persona se queja de la parálisis y solicita tratamiento. Lo mismo ocurre en las lesiones que se producen en el hemisferio derecho, sin embargo, una minoría de éstas permanece indiferente a la parálisis de su parte izquierda del cuerpo. Quitan importancia al alcance de la parálisis y niegan obstinadamente que no pueden moverse, e incluso que la parte paralizada les pertenezca.

La mayoría de los pacientes superan la anosognosia tras unos días de negación.

En otras ocasiones lo que puede aparecer es el denominado trastorno de la conciencia de déficit, personas que presentan dificultades para percibir los cambios en su funcionamiento cognitivo y conductual, así como para describir adecuadamente el impacto psicosocial de los mismos, lo que ocasiona un obstáculo añadido en el proceso de rehabilitación y reinserción socio-familiar y laboral. ¿Cómo una persona puede ser conscientes de ciertas dificultades en su funcionamiento habitual? Esta falta de conciencia sobre el propio funcionamiento origina, principalmente en el entorno familiar, muchos problemas. ¿Cómo hacerle entender a alguien que no puede conducir si no tiene conciencia de que no puede hacerlo?, ¿cómo hacerle entender a una persona que no puede realizar la comida que hacía antes si no es consciente?, ¿cómo ser consciente de los cambios que experimenta, como ser autoconsciente?

El grado de autoconsciencia  de una persona que ha sufrido un daño cerebral con repercusión funcional puede variar a lo largo de un contínuo. El nivel más básico permitirá que la persona sea capaz de expresar que una habilidad determinada ha disminuido. El nivel más alto de consciencia incluye la habilidad para prevenir peligros de manera independiente y poner en marcha estrategias para compensarlo.

Así podríamos hablar de tres niveles en la conciencia del déficit:

1.- La “Conciencia de déficit” propiamente dicha: se equipara con la conciencia objetiva. Consiste en conocer la existencia de secuelas como consecuencia del daño cerebral. “Tengo dificultades para prestar atención durante un tiempo”, “No me acuerdo de cómo se suma”,…

2.- La “Conciencia de Consecuencias Funcionales”: se equipara con la conciencia subjetiva. Consiste en conocer las implicaciones funcionales de los déficit en las actividades de la vida diaria. “Puedo ver las noticias, pero me cuesta seguir el hilo de una película”, “Conozco las monedas, pero me cuesta saber si me han dado bien el cambio”.

3.- Las “Expectativas Realistas”: la habilidad para marcarse metas realistas. Capacidad de planificar la vida con objetivos realistas teniendo en cuenta el punto anterior. “Voy a intentar ver películas ya conocidas, o mirar documentales aumentando el tiempo poco a poco”, “Seguiré llevando dinero, pero le pediré al que vaya conmigo que me ayude a comprobarlo”.

           Si nos ponemos a pensar, no sabemos qué ha hecho nuestro cerebro para cualquier actividad que nos propongamos, realmente no somos conscientes de cómo funciona nuestro propio cerebro, sólo lo dejamos hacer. Como el resultado es el adecuado, no nos preocupa cómo hemos llegado a ello. Podemos caminar, subir escaleras, vestirnos, comprar, conducir, trabajar, leer, hablar,…, pero no sabemos cómo lo hacemos. Cuando por una lesión cerebral mostramos dificultades en actividades que previamente hacíamos no nos damos cuenta del por qué no lo podemos hacer y tampoco de qué debemos hacer para cambiar o modificar la situación.

            La próxima vez que se pongan a leer, conducir, caminar,…, piensen en ello y sean más conscientes, siempre resultará un beneficio.

 

 

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Acerca de Myriam Moral-Rato

Comencé mi andadura en el campo de las Neurociencias en el año 1991 y desde entonces no ha dejado de apasionarme este campo. Quisiera compartir con vosotros la pasión por conocernos a nosotros mismos, por indagar y experimentar qué hace nuestro cerebro para permitirnos desarrollar tantas actividades como nos propongamos. ¿Alguna vez nos hemos parado a pensar qué hace nuestro cerebro para por ejemplo poder leer estas líneas: poder verlas, distinguirlas, leerlas y comprenderlas? ¿Y, qué debe hacer nuestro cerebro para poder recordarlas? El trabajo desempeñado como neuropsicóloga me ha permitido observar los cambios que se generan tanto en la persona que sufre un daño cerebral, como en sus allegados y en su entorno, a todos los niveles. ¿Cómo afectaría a nuestra vida si nuestro cerebro no nos permitiese funcionar adecuadamente: podríamos ir al cine, podríamos conducir, podríamos salir solos de casa, o trabajar y estudiar,…? Y si fuese así, ¿cómo saber qué es lo que falla, como poder solucionarlo o paliarlo, cómo poder mejorar nuestra calidad de vida? ¿Y, cómo pueden ayudarme o comprendernos los demás?
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