El movimiento también está en el cerebro

La mayoría de la gente asocia la función motriz a los brazos y a las piernas, y a la actividad física,  como si fuera una función mecánica del cerebro. Pero cada vez hay más indicios  de que el movimiento es crucial para cualquier otra función, entre ellas la memoria, la emoción, el lenguaje y el aprendizaje. Nuestras funciones cerebrales que denominamos “superiores” han evolucionado a partir del movimiento y siguen dependiendo de él.

            Imaginemos que estamos en el sofá del salón y un amigo nos pregunta: “¿Cuántos estantes hay en el armario alto de la cocina?”. Entonces, nos visualizamos a nosotros mismos andando hacia la cocina, volviendo la cabeza hacia el armario, abriendo la puerta e inspeccionando los objetos que hay dentro, arriba y abajo, para poder así centrarse mejor y decir cuántos estantes hay realmente. Y entonces das una respuesta, por ejemplo “cuatro”. Para llegar a esa respuesta no se mueve del sofá ni mueve un músculo. Pero ha usado programas motrices que recrearon los movimientos de entrar en la cocina, abrir la puerta del armario y barrer con la vista de arriba abajo. Su cerebro crea imágenes motrices sin moverse en realidad.

Según investigaciones recientes para crear esa experiencia se usan las mismas regiones cerebrales que se habrían usado si se levantase y lo hubiese hecho físicamente: la corteza parietal, frontal y occipital.

            A su vez, los neurólogos han encontrado pruebas de que el cerebelo, que coordina los movimientos físicos, coordina también el movimiento de los pensamientos. Así como ordena los movimientos físicos necesarios para atrapar una bola, desempeña un papel en la secuencia de pensamientos necesarios para visualizar la cocina, crear un argumento o inventar una melodía.

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Empezando a conocer nuestros sentidos

Observar, lamer, saborear, oler, rozar, escuchar, divisar, oír, avistar, resonar, palpar, apestar, acariciar, desoír, degustar, cosquillear, husmear, catar, otear, olisquear, son sólo algunas de las palabras que tenemos en nuestro lenguaje para expresar sensaciones que desarrollamos con nuestros sentidos: la vista, el oído, el olfato, el tacto y el gusto.

            Esta riqueza de lenguaje denota la cantidad de propiedades que podemos llegar a desarrollar con nuestros sentidos. Además también reconocemos otras clases de sensaciones adicionales tales como el dolor, la presión, la temperatura y la propiocepción.

            Y no sólo eso, ya que podemos también percibir el mundo que nos rodea: el rojo, el verde, el tamaño de un objeto, la distancia con nosotros, la forma del objeto, la permanencia del objeto en movimiento, el sonido de un claxon o un timbre, el sonido de la música, la temperatura, la rugosidad de un objeto, el olor de una flor determinada, el dolor de muelas,…

            Y hay más, estamos continuamente experimentando nuevas sensaciones: la presión en los oídos la primera vez que subimos a un avión, los distintos sonidos para el teléfono móvil o los mensajes que recibimos, las películas en 3 dimensiones, los teléfonos táctiles, los nuevos sabores de las comidas,…

            Y todo ello, reside en nuestro cerebro. ¡A que ahora nos parece increíble!.

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Empezando a conocernos

          Para poder comprender qué ocurre en el cerebro no es tan importante saber “dónde ocurre” (todos sabemos que es en una zona del cerebro) sino más bien “qué es lo que pasa”, “cómo ocurre”, “por qué ocurre”.

            Consideremos el simple acto de sonreír, algo que todos hacemos a diario en situaciones de relación social. Siempre nos resulta más fácil sonreír espontáneamente por ejemplo, ante el encuentro de un amigo, que sonreír para hacernos una fotografía, es decir, bajo orden. Nuestra sonrisa es diferente, ¿por qué? La razón es que estos dos tipos de sonrisa están controlados por dos zonas diferentes del cerebro.

La sonrisa espontánea se genera en zonas internas del cerebro (en los ganglios basales: grupos de células situadas entre la corteza superior y el tálamo). Cuando vemos la cara de un amigo, esa visión acaba llegando al centro emocional del cerebro (el sistema límbico) y de ahí parte a los ganglios basales que orquestan la secuencia de actividad de los músculos faciales para que aparezca una sonrisa natural.

Sin embargo, cuando un fotógrafo nos dice que sonriamos para hacernos una fotografía, las instrucciones del fotógrafo son recibidas y comprendidas por otras partes del cerebro, en este caso la corteza (zonas auditivas y centros del lenguaje, y de ahí se retransmiten a la corteza motora que está especializada en producir movimientos voluntarios que requieren habilidad), y producimos la sonrisa “no auténtica”.

            Este conocimiento se obtuvo del estudio de pacientes con lesiones cerebrales. Muy de vez en cuando, nos encontramos con un paciente en el que sus familiares o amigos expresan que sonríe con la mitad de la cara, y sin embargo cuando se le pide que sonría lo hace con una sonrisa simétrica. O por el contrario, pacientes que ante amigos y conocidos expresa una sonrisa auténtica, y, sin embargo, si se le pide que sonría expresa una sonrisa con la mitad de la cara.

             Ahora sabemos el por qué. Sin embargo, estas y otras situaciones, pueden desconcertar al paciente y a sus allegados, hasta el punto de considerar avances o retrocesos ante situaciones que no son así.

            Por ejemplo, ante el acto de bostezar. Muchas personas que tiene paralizada una parte del cuerpo, no pueden moverla a voluntad. Sin embargo, cuando uno de estos pacientes bosteza ¡estira espontáneamente los dos brazos!, sorprendiéndoles a ellos mismos. Esto es posible porque lo que controla el movimiento de los brazos durante el bostezo es una ruta estrechamente relacionada con otras partes del cerebro (los centros respiratorios del tronco encefálico).

            Para el conocimiento en profundidad de cómo funciona el cerebro de un paciente, lo primero antes de establecer un diagnóstico es conocer ¿Cómo percibe y capta el mundo que le rodea?,  ¿De qué somos conscientes?

            Ser consciente neurológicamente de uno mismo es el más importante  de los primeros pasos que podamos dar.

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Comencé mi andadura en el campo de las Neurociencias en el año 1991 y desde entonces no ha dejado de apasionarme este campo. Quisiera compartir con vosotros la pasión por conocernos a nosotros  mismos, por indagar y experimentar qué hace nuestro cerebro para permitirnos desarrollar tantas actividades como nos propongamos. ¿Alguna vez nos hemos parado a pensar qué hace nuestro cerebro para por ejemplo poder leer estas líneas: poder verlas, distinguirlas, leerlas y comprenderlas? ¿Y, qué debe hacer nuestro cerebro para poder recordarlas?

El trabajo desempeñado como neuropsicóloga me ha permitido observar los cambios que se generan tanto en la persona que sufre un daño cerebral, como en sus allegados y en su entorno,  a todos los niveles. ¿Cómo afectaría a nuestra vida si nuestro cerebro no nos permitiese funcionar adecuadamente: podríamos ir al cine, podríamos conducir, podríamos salir solos de casa, o trabajar y estudiar,…? Y si fuese así, ¿cómo saber qué es lo que falla, como poder solucionarlo o paliarlo, cómo poder mejorar nuestra calidad de vida? ¿Y, cómo pueden ayudarme o comprendernos los demás?

Este blog va dirigidos a todos. Pretendo que los protagonistas seais vosotros mismos, los lectores. Espero con ello ayudar en la búsqueda de lo que todos deseamos: CONOCERNOS A NOSOTROS MISMOS.

Publicado el por Myriam Moral-Rato | 2 comentarios