“La vuelta a la “nueva normalidad””

Hay muchos jóvenes que en la actualidad pueden sentir angustia a la hora de retomar las actividades y salir a la calle. Pueden experimentar síntomas propios de ansiedad y vulnerabilidad. Deben dejárseles un tiempo para adaptarse a la nueva situación, no se les debe obligar pero tampoco dejar en esa condición.

Es, aún ahora, más conveniente, darles las pautas como padres para que comprendan sus sentimientos y el rechazo a retomar “su vida social”. Muchos se han sentido protegidos hasta ahora, no han vuelto a salir o lo han hecho en lugares amplios por vivir en zonas rurales. Pero a la hora de volver a ver a sus amigos, salir a alguna terraza, ir a comprar ropa,… pueden surgirles un mar de dudas, que puede afectar a su salud mental.

Por ello, los padres deben actuar para minimizar las dificultades que actualmente pueden experimentar, mediante salidas “protegidas” a lugares más concurridos. Que experimenten cómo los adultos nos comportamos al ver a conocidos que hace tiempo no hemos visto, para que comprendan la necesidad de mantener a raya su impulsividad y emoción cuando se vuelvan a encontrar principalmente con amigos. Y que experimenten como los adultos nos comportamos en sitios cerrados, cómo usamos las medidas de seguridad y permanecemos con cierta alerta a lo que acontece a nuestro alrededor y buscamos “normalizar” la situación.

Acerca de Myriam Moral-Rato

Comencé mi andadura en el campo de las Neurociencias en el año 1991 y desde entonces no ha dejado de apasionarme este campo. Quisiera compartir con vosotros la pasión por conocernos a nosotros mismos, por indagar y experimentar qué hace nuestro cerebro para permitirnos desarrollar tantas actividades como nos propongamos. ¿Alguna vez nos hemos parado a pensar qué hace nuestro cerebro para por ejemplo poder leer estas líneas: poder verlas, distinguirlas, leerlas y comprenderlas? ¿Y, qué debe hacer nuestro cerebro para poder recordarlas? El trabajo desempeñado como neuropsicóloga me ha permitido observar los cambios que se generan tanto en la persona que sufre un daño cerebral, como en sus allegados y en su entorno, a todos los niveles. ¿Cómo afectaría a nuestra vida si nuestro cerebro no nos permitiese funcionar adecuadamente: podríamos ir al cine, podríamos conducir, podríamos salir solos de casa, o trabajar y estudiar,…? Y si fuese así, ¿cómo saber qué es lo que falla, como poder solucionarlo o paliarlo, cómo poder mejorar nuestra calidad de vida? ¿Y, cómo pueden ayudarme o comprendernos los demás?
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