“Cuidándonos desde casa” IX

“Comprendiendo las emociones”

En estos días que vivimos de confinamiento, hemos experimentado distintos tipos de emociones. Solemos ponerle nombre a esas emociones, y con ello le damos un poder para mantenerse en nuestros pensamientos. Vamos a comprobarlo.

Os voy a poner 40 estados emocionales que todos podemos reconocer. Leer cada emoción, despacio, darle tiempo a la palabra que designa la emoción para percibir lo que sentimos al pronunciar cada emoción. Vamos a ello:

1.- Aburrimiento, 2.- Aceptación, 3.- Admiración, 4.- Alegría, 5.- Alivio, 6.- Amor, 7.- Asco, 8.- Asombro, 9.- Compasión, 10.- Confusión, 11.- Culpa, 12.- Decepción, 13.- Desaliento, 14.- Deseo, 15.- Entusiasmo, 16.- Envidia, 17.- Euforia, 18.- Felicidad, 19.- Frustración,  20.- Gratitud, 21.- Hostilidad, 22.- Ilusión, 23.- Incomprensión, 24.- Inseguridad, 25.- Ira, 26.- Irritación, 27.- Melancolía, 28.- Miedo, 29.- Nostalgia, 30.- Odio, 31.- Orgullo,        32.- Placer, 33.- Remordimiento, 34.- Satisfacción, 35.- Serenidad, 36.- Soledad,             37.- Tensión, 38.- Ternura, 39.- Tristeza, 40.- Vergüenza.

 

Cada estado emocional nos produce cierto desasosiego. A ese desasosiego le damos un valor, lo valoramos como positivo o negativo. Si es positivo, buscamos experimentarlo con más frecuencia. Si es negativo, buscamos erradicarlo.

En situaciones como las que nos encontramos ahora, no sólo debemos comprender nuestros estados emocionales, sino que debemos aprender a no valorarlos (ni en positivo, ni en negativo), mantener nuestra mente en un equilibrio que nos permita seguir manteniendo el control sobre nuestra vida.

“Cuando al afrontar los altibajos de la vida, la mente aún sigue imperturbable, sin lamentarse, sin generar contaminaciones, sintiéndose siempre segura; ésa es la mayor felicidad”

 

Acerca de Myriam Moral-Rato

Comencé mi andadura en el campo de las Neurociencias en el año 1991 y desde entonces no ha dejado de apasionarme este campo. Quisiera compartir con vosotros la pasión por conocernos a nosotros mismos, por indagar y experimentar qué hace nuestro cerebro para permitirnos desarrollar tantas actividades como nos propongamos. ¿Alguna vez nos hemos parado a pensar qué hace nuestro cerebro para por ejemplo poder leer estas líneas: poder verlas, distinguirlas, leerlas y comprenderlas? ¿Y, qué debe hacer nuestro cerebro para poder recordarlas? El trabajo desempeñado como neuropsicóloga me ha permitido observar los cambios que se generan tanto en la persona que sufre un daño cerebral, como en sus allegados y en su entorno, a todos los niveles. ¿Cómo afectaría a nuestra vida si nuestro cerebro no nos permitiese funcionar adecuadamente: podríamos ir al cine, podríamos conducir, podríamos salir solos de casa, o trabajar y estudiar,…? Y si fuese así, ¿cómo saber qué es lo que falla, como poder solucionarlo o paliarlo, cómo poder mejorar nuestra calidad de vida? ¿Y, cómo pueden ayudarme o comprendernos los demás?
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