Construyendo emociones II

Al igual que los cachorros, los niños pequeños (salvo algunas excepciones) son graciosos, juguetones y risueños. La emotividad positiva que emana un niño es como un letrero de neón que señala una posición ventajosa tanto para él como para los padres.

La evolución se ha encargado de que las emociones positivas sean un elemento crucial para el desarrollo de los niños. Cuando un niño experimenta situaciones negativas corre a protegerse, o, si no dispone de un lugar seguro y conocido en el que esconderse, se queda paralizado en donde está. Cuando vuelve a sentirse seguro y a salvo abandona su refugio y se enfrenta al mundo.

Actualmente se está hablando de que cuando experimentamos sentimientos positivos, éstos modifican formas de pensamiento y acción. Y estas nuevas formas de pensamiento y acción conlleva mayor emotividad positiva. Si tal proceso existe realmente, sus implicaciones para alcanzar una vida más feliz son enormes.

Los padres debemos incrementar las emociones positivas de nuestros hijos para iniciar una espiral ascendente que conduzca a mayores sentimientos positivos. Y también los padres debemos tomarnos en serio tanto las emociones positivas como las negativas de nuestros hijos, como también sus fortalezas y debilidades. La emociones positivas ampliarán y desarrollarán los recursos intelectuales, sociales y físicos de los que nuestros hijos dispondrán en su vida adulta.

 

 

 

 

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Acerca de Myriam Moral-Rato

Comencé mi andadura en el campo de las Neurociencias en el año 1991 y desde entonces no ha dejado de apasionarme este campo. Quisiera compartir con vosotros la pasión por conocernos a nosotros mismos, por indagar y experimentar qué hace nuestro cerebro para permitirnos desarrollar tantas actividades como nos propongamos. ¿Alguna vez nos hemos parado a pensar qué hace nuestro cerebro para por ejemplo poder leer estas líneas: poder verlas, distinguirlas, leerlas y comprenderlas? ¿Y, qué debe hacer nuestro cerebro para poder recordarlas? El trabajo desempeñado como neuropsicóloga me ha permitido observar los cambios que se generan tanto en la persona que sufre un daño cerebral, como en sus allegados y en su entorno, a todos los niveles. ¿Cómo afectaría a nuestra vida si nuestro cerebro no nos permitiese funcionar adecuadamente: podríamos ir al cine, podríamos conducir, podríamos salir solos de casa, o trabajar y estudiar,…? Y si fuese así, ¿cómo saber qué es lo que falla, como poder solucionarlo o paliarlo, cómo poder mejorar nuestra calidad de vida? ¿Y, cómo pueden ayudarme o comprendernos los demás?
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