Emociones. Parte II.

De estas emociones primarias o básicas, pasamos a un nivel superior en las que se encuentran las emociones cognitivas primarias en las que se valora la situación que ha provocado la emoción primaria tras un convencimiento consciente. Es cuando, por ejemplo, alguien comprueba que la conversación que está teniendo con su jefe es positiva, pudiendo abrigar la esperanza de un aumento de sueldo, sintiendo en ese caso una emoción cognitiva primaria denominada satisfacción.

            Las emociones cognitivas primarias serían:

                        – En el caso del miedo: sentir una Amenaza o sentir una Angustia.

                        – En el caso de la ira: Disgusto o Frustración.

                        – En el caso de la tristeza: Decepción o Abatimiento, y

                        – En el caso de la alegría: Buen humor o Satisfacción.

            Pero las emociones no acaban aquí. El último paso que aparece son las emociones cognitivas secundarias en las que entra en juego las relaciones sociales, las expectativas y normas sociales en relación a la situación, que depende de la naturaleza del trasfondo cultural y de la experiencia personal. Por ejemplo, imagínese que un niño de 10 años interpreta con éxito una sonata para piano de Chopin. Tras la actuación su madre le elogia con fervor, con el orgullo consiguiente del niño. Esta situación y su expresión emocional la vemos lógica, ¿verdad? Sin embargo, si la misma situación se da en otro contexto cultural, digamos, por ejemplo, la cultura china, la madre le indicaría al niño que todavía debe practicar más, para evitar ciertos fallos cometidos, por lo que el niño se sentirá avergonzado. A pesar del mismo resultado, la valoración difiere y con ello, la reacción emocional.

            De este modo como ejemplos de emociones cognitivas secundarias podríamos hablar de:

            – En el caso de la emoción de Miedo: podría aparecer Vergüenza, Celos, Envidia.

            -En el caso de la emoción de Ira: Cólera o Desprecio.

            -En el caso de la Tristeza: Luto, y

            -En el caso de la Alegría: Amor o Suerte.

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Acerca de Myriam Moral-Rato

Comencé mi andadura en el campo de las Neurociencias en el año 1991 y desde entonces no ha dejado de apasionarme este campo. Quisiera compartir con vosotros la pasión por conocernos a nosotros mismos, por indagar y experimentar qué hace nuestro cerebro para permitirnos desarrollar tantas actividades como nos propongamos. ¿Alguna vez nos hemos parado a pensar qué hace nuestro cerebro para por ejemplo poder leer estas líneas: poder verlas, distinguirlas, leerlas y comprenderlas? ¿Y, qué debe hacer nuestro cerebro para poder recordarlas? El trabajo desempeñado como neuropsicóloga me ha permitido observar los cambios que se generan tanto en la persona que sufre un daño cerebral, como en sus allegados y en su entorno, a todos los niveles. ¿Cómo afectaría a nuestra vida si nuestro cerebro no nos permitiese funcionar adecuadamente: podríamos ir al cine, podríamos conducir, podríamos salir solos de casa, o trabajar y estudiar,…? Y si fuese así, ¿cómo saber qué es lo que falla, como poder solucionarlo o paliarlo, cómo poder mejorar nuestra calidad de vida? ¿Y, cómo pueden ayudarme o comprendernos los demás?
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