Cualquier emoción se puede desear experimentar.
Todos conocemos personas que disfrutan incluso con las emociones negativas. Por ejemplo, hay personas que les gustan leer novelas que les hagan llorar o quieren ir a ver películas que les hagan llorar.
Hay otros a los que les gusta sentir miedo, disfrutan con las películas de suspense aunque son conscientes de que no implica ningún peligro o riesgo. Es como un ejercicio emocional.
Hay otros a los que les gusta sentirse enfadados y ven películas como Rocky o películas de boxeo. Hay muchos niños que les gusta sentir asco, hay toda una industria que fabrica juguetes asquerosos con olores desagradables para niños y también hay adultos a los que les gusta sentir asco, pensemos en la fiesta de halloween, por ejemplo.
Hay gente a la que no le gustan las sorpresas y si les organizas una fiesta sorpresa te dicen: “No se te ocurra volverlo a hacer. No me gustan las sorpresas, me gusta saber qué es lo que va a pasar”.
La sorpresa es la emoción más corta, porque sólo podemos estar sorprendidos hasta que sabemos de qué lo estamos. Siempre se trata de algo inesperado y después se puede estar o aliviado o divertido o con miedo. Muy a menudo se siente miedo porque a menudo las cosas inesperadas nos suponen una amenaza.